Autoestima y gestión emocional
No es “quererte” todo el día. Es tratarte con respeto, sostener emociones difíciles y tomar decisiones sin machacarte.
Cómo suele sentirse cuando está tocada
- Autocrítica automática: “nunca es suficiente”, “debería haberlo hecho mejor”.
- Comparación constante y sensación de ir “por detrás” (aunque por fuera funcione).
- Miedo a fallar o a molestar, con tendencia a complacer y tragarte cosas.
- Dificultad para poner límites sin culpa o sin darle mil vueltas después.
- Emociones intensas (tristeza, rabia, vergüenza, ansiedad) que se mezclan con cansancio.
A veces el problema no es la emoción, sino lo que te dices cuando aparece: si te atacas justo cuando más necesitas sostén, todo se amplifica.
Patrones que la mantienen sin querer
La autoestima no se “rompe” por una frase suelta: se va formando con experiencias, aprendizajes y estrategias de supervivencia. Algunas funcionan a corto plazo, pero a largo plazo te pasan factura.
- Perfeccionismo: vivir con el listón imposible y no permitirte ser humano/a.
- Validación externa: depender de aprobación para sentirte bien (y caer cuando falta).
- Evitación: no intentar, no pedir, no exponerte… para no fallar, y quedarte pequeño/a.
- Rumiación: repasar errores y conversaciones una y otra vez como si pudieras “arreglar” el pasado.
- Límites difusos: decir sí cuando quieres decir no, y luego resentirte o agotarte.
En terapia
Trabajamos para que puedas relacionarte contigo de una forma más justa y útil. No buscamos “positividad” artificial: buscamos una base interna estable para afrontar la vida con menos guerra por dentro.
- Identificar la voz crítica (de dónde viene, cuándo aparece y qué intenta proteger).
- Entrenar un diálogo interno más realista: firme, pero respetuoso.
- Regular emociones: entenderlas, tolerarlas y responder sin impulsos dañinos.
- Aprender a poner límites y sostenerlos (sin explicarte de más ni pedir perdón por existir).
- Reforzar hábitos de autocuidado que se puedan mantener, no “planes perfectos” de una semana.
Entre sesiones
Para que el cambio se consolide, suele haber prácticas pequeñas. No son tareas para “hacerlo perfecto”, sino entrenamientos para que tu mente aprenda una alternativa.
- Registros breves de autocrítica: qué disparó, qué te dijiste y qué efecto tuvo.
- Ejercicios de límites: frases cortas, asertividad y tolerancia a la culpa inicial.
- “Experimentos” para salir de la evitación: pasos graduados y medibles.
- Rutinas de autocuidado realista: sueño, descanso, tiempo sin pantalla, movimiento, recuperación.
Dudas habituales
- “¿Esto es falta de autoestima o depresión/ansiedad?” A veces van juntas. En sesión distinguimos qué pesa más y qué está manteniendo el problema.
- “Me cuesta decir no, pero luego exploto.” Suele ser un límite que llega tarde. Trabajamos el punto intermedio: poner límites antes y sin agresividad.
- “Sé lo que debería hacer, pero no me sale.” Saber no es lo mismo que poder. Practicamos habilidades en el contexto real donde se bloquea.